jueves, 25 de febrero de 2010
La Revolución
Sin entrar en detalles de lo que significa etimológicamente la palabra revolución, nunca me ha parecido un término sugestivo o atrayente. Las revoluciones a mi parecer solo sirven para imponer una idea, un pensamiento, una situación, una doctrina de algo o de alguien. Las revoluciones que han sucedido en el mundo a sí lo han demostrado. Se alza una voz de lucha, de inclusión, de reclamos por los derechos humanos, de protesta, reproche, crítica por algo o alguien que de una u otra forma nos afectas o simplemente no estamos de acuerdo, que vulnera nuestro estado de ánimo, muchas veces nuestros principios, afectando nuestra emociones y dediciones, y creando una incertidumbre que nos hace reaccionar y lanzar el grito batallador de la revolución, pero realmente la supuesta revolución terminan favoreciendo a un colectivo, un sector social, político o económico. Nunca podrá haber una revolución que realmente beneficie a todos por igual. Cuando el supuesto grupo revolucionario eleva en rebelión sus peticiones, sus ideales, automáticamente desplaza al otro grupo con quién entra en conflicto y disputas. Entonces la revolución se convierte en un beneficio para unos y una mortificación para otros. Los que no comparten los mismos ideales u opiniones, pasan a denominarse antirrevolucionarios, generándose un estado donde impera la persecución, el acoso, la exclusión, el aislamiento, la división de clases económicas, sociales o políticas y el odio crece, el odio de aquellos que se sienten afectado, ignorados, repudiados, y comienzan ellos mismos a planificar otra revolución en contra de aquello con lo que no se estará de acuerdo. Por lo tanto cualquier revolución será siempre sobre la base de la violencia y el engaño, con falsas expectativas de enrumbar a una sociedad a un estado de igualdad, que nunca llega, porque una vez en el poder los revolucionarios se convierten en opresores insensibles, inclementes, mentirosos, capaces de engañar con habilidad extraordinaria a toda una sociedad y a toda una comunidad internacional. Son capaces de tejer telarañas políticas y económicas que solo conducen al descontento, la división de clases y el resentimiento. Se dan pruebas de los supuestos logros revolucionarios, que como dice la canción son uno en un millón. Una revolución es como un circo, donde la gente entra y por un momento, se distrae con el malabarista, la mujer barbuda, los magos y los payasos, aplaude y ríe, se emociona, se conmociona momentáneamente por el espectáculo, pero al fin y al cabo es sólo eso un circo…… vicioso…..
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